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Agilidad y trabajo son las bases para hacerse un campeon de Agility

El Club de Agility Tucan es uno de los cinco que hay en Aragon.

Agilidad, elasticidad, ligereza, rapidez y capacidad de trabajo son las características básicas que, junto a un dueño capaz de motivarlo y guiarlo, hacen que un perro cualquiera pueda llegar a ser todo un campeón del agility.
Algunos de estos perros se entrenan en el Club de Adiestramiento Canino Tucán, el único de la provincia de Teruel en el que se practica esta disciplina deportiva y el único de Aragón, de los cinco que hay, integrado en la Federación Española de Agility y Educación Canina (FEAEC), en cuyas competiciones pueden participar tanto perros de raza como mestizos.
La historia del agility, que en la actualidad no goza del reconocimiento oficial como deporte, se remonta a 1978 cuando John Barley, un aficionado a la hípica que trabajaba con las asociaciones de belleza canina de Londres, dio con la idea de crear un espectáculo atractivo en el que intervinieran perros y que entretuviera al público en los muchos tiempos muertos de estos concursos, que podían llegar a durar varios días, como en el caso del CRUFTS, el más famoso del Reino Unido.
Barley se puso en contacto con el adiestrador canino Peter Meanwell y, juntos, diseñaron obstáculos inspirados en los de la hípica pero adaptados para los perros y elaboraron una serie de reglas que sentaron las bases de lo que el agility es hoy en día.
Después de su expansión en Francia y Estados Unidos, esta disciplina deportiva llegó a España en 1988, donde apasionados de los perros como Francisco Alegre, actual entrenador en el Club Tucán de Teruel, recibieron con los brazos abiertos la primera competición que organizó en el país el Club Español de Adiestramiento Canino (CEAC) en 1989.
Centradas en obediencia, ataque y defensa, la popularidad de las exhibiciones de agility creció a partir de ahí de forma exponencial en España de manera que la Real Sociedad Canina de España (RSCE) comenzó a utilizarlo como espectáculo en 1991. Su decisión no quedó libre de polémica, ya que en sus competiciones solo está permitida la participación de perros de razas puras.
Es por ello por lo que, a partir de 1993, se crea otra organización en España, la FEAEC, cuya principal acción consistió en abrir las competiciones a todo tipo de perros sin distinción de raza, por lo que en la actualidad cada una de las asociaciones que existen -FEAEC, RSCE y UCA- cuenta con sus propio calendario de competiciones.
Para Francisco Alegre, la decisión de la FEAEC de abrir sus competiciones a todos los perros es más que acertada ya que, según afirma, el agility es "positivo al cien por cien para cualquier perro que quiera hacerlo".
Y es que, la mayoría de los que practican esta disciplina coinciden en que sus beneficios son claramente visibles. Según explica Alegre, el agility es "muy completo" ya que, además, de crear un vínculo muy importante entre el dueño y el perro, hace a este último más "equilibrado y sociable", a la vez que le aporta ejercicio extra, diversión y educación.
Cotidianeidad
El mismo punto de vista comparte Rodrigo Gómez, uno de los alumnos principiantes del club de agility de Teruel, que comenzó a practicar con su perra, Sophie, hace seis meses. Según dice, la curiosidad por el agility le llegó después de hacer un curso de adiestramiento con su jag russeel ya que, explica, "éstos son muy listos pero también muy nerviosos, por lo que necesitan bastantes estímulos y control".
Para Rodrigo, el agility aumenta la confianza entre ambos, guía y perro, y hace que mejore el comportamiento del animal en su vida cotidiana. "Ahora estoy más tranquilo en mi día a día", sentencia.
Si hay algo que comparten todos aquellos que practican agility es el amor hacia los perros y, en particular, hacia su compañero de equipo. Por este motivo, Leonor Peral, una de las alumnas de competición del club, dejó de competir con su primera perra cuando esta enfermó para preservar su salud. Fue entonces cuando empezó con Chula, con quien ha viajado al extranjero varias veces. Chula, un perro de agua español, se ha convertido en la compañera perfecta para Leonor, quien asegura que, pese a los buenos resultados cosechados, el agility es secundario para ella. "Lo principal es la convivencia en casa", explica.
De la mano de Chula, Leonor ha quedado tercera clasificada de España en talla medium y ha asistido a competiciones internacionales en cinco ocasiones en Hungría, Estados Unidos, Holanda y Bélgica-. Y en septiembre volverá a hacerlo, en esta ocasión a Italia, para participar en el Campeonato Internacional Mixto de Agility (IMCA en sus siglas en inglés). Allí viajará junto a Ana Isabel Redón, también del club Tucán.
Ana Isabel compite en agility desde hace un año y medio con su perro mestizo Full. El animal es una prueba, dice su dueña, de que no hay ninguna diferencia entre los perros de raza y los que no lo son a la hora de practicar este deporte. Y muestra de ello es que Full, en tan poco tiempo, ha logrado quedar segundo en la talla mini en el campeonato nacional y clasificarse también para el campeonato internacional IFCS de Holanda.
También ha logrado una buena posición a nivel nacional otro de los miembros del club, Luis Jarque, que consiguió la primera plaza en la talla medium.
Uno de los aspectos que también varía según la asociación es la edad a la que los perros pueden empezar a competir. Mientras que en la Comunidad Valenciana, una de las dos junto a Cataluña en las que el agility está reconocido como deporte, se compite a partir de los 14 meses, en la FEAEC no se permite que lo hagan hasta los 18 meses.
"Si el grupo es consecuente con lo que será el futuro del perro y su salud, que es lo importante, y no mira la presión de tener que competir rápido, se puede empezar a trabajar con el juego y con la distracción desde que es cachorro", explica Alegre. Según dice, no será hasta que el perro esté totalmente desarrollado y no pueda sufrir lesiones en la columna o articulaciones cuando se comience a trabajar con obstáculos propiamente dichos.
"Da tiempo más que de sobra. Es mucho más importante cuidar la salud del perro, motivarlo y hacer que trabaje", dice el entrenador.
El tiempo que invierte un perro en preparase hasta que puede competir depende tanto de éste como de su guía y varía desde los dos meses, en el mejor de los casos, hasta los diez meses e incluso el año.
 
Fuente: Diario de Teruel